jueves, 12 de octubre de 2017

¿Lo que quiero cuando quiero?

Quiero escribir. Me recuesto en la cama para dormir y las palabras se despiertan. Mientras cocino una hamburguesa y se calienta el agua en la olla para preparar puré, las palabras van y vienen por la cocina acosándome con escribir. Picándome con sus líneas y puntos para que les preste atención.

Quiero escribir. Una y otra vez estas dos palabras se repiten en ese orden y hacen eco en mi corazón. Llenan mi cabeza y se multiplican hasta desbordar, hasta explotar en un suave susurro. Gritan intentando escapar de mi para que el mundo se entere del deseo y mundos que guardo en mi interior. 

Quiero escribir. Mientras viajo en el colectivo rumbo a un destino planificado. Mientras hago el mismo camino a pie cuando regreso a casa. Cuando decido hacer un camino largo para tardar en volver a casa. Mientras cruzo el gran portón despidiéndome del mundo hasta que vuelva a vencer mis miedos. 

Quiero escribir. Cuando me ducho y canciones nacen. Cuando levanto mis manos para hablar con Dios. Cuando estoy sola en mi habitación. Incluso mientras estoy tomando mate, leyendo atrevidos escritores o viendo gente que ama y crece en los talentos que Dios puso en su interior.

Quiero escribir. Aún en los momentos más tristes y desgarradores, mientras siento como se me parte el corazón. Aún cuando no puedo creer la felicidad que vivo, en esos pequeños momentos en los que olvido lo partido que estoy. Cuando recibo sus te amo y cuando se despide para irse al instituto.

Quiero escribir. Ni un solo día deja de resonar en mi interior y fluye a través de mis manos cuando estoy frente al monitor. Las palabras se avergüenzan pero las ánimo a salir y las historias ya nacidas comienzo a escribir. Aún cuando alguien intenta detenerme, me quedo con esas palabras haciendo lo que cada día más quiero.

Quiero escribir. Hasta el fin de mis días, desde que despierto hasta en mis sueños. Aún cuando la página en blanco sea una ardua pelea o cuando las palabras no quieran venir en el orden más adecuado, me detendré un momento y donde sea que esté, sin importar quien vea o se imagine cosas, escribiré.

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